No lo imaginaste, tu perro sonríe: UNAM

El proceso de domesticación de los lobos hacia los perros ha sido muy largo, aproximadamente unos 100 mil años de convivencia con el humano. En esta transformación los canes sufrieron una serie de cambios tanto físicos como neurológicos, entre los que destaca su sonrisa. En tiempos ancestrales los lobos eran enemigos de los humanos, ¿qué pasó para que una parte de ellos decidiera quedarse con nosotros?, se cuestiona Alberto Tejeda Perea, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

Algunos estudiosos han planteado que cada ejemplar tenía diferencias individuales que marcaron esta adaptación a un nuevo ambiente. Es decir, algunos eran más dóciles y se aclimataron para vivir con los humanos, quienes los reprodujeron hasta obtener especímenes como los de hoy: simpáticos, dóciles y carismáticos.

Estudios de etología descubrieron que hay dos vías básicas para actuar frente a la vida: “los que persiguen algo que les gusta y los que se alejan de algo que no les gusta”. Entonces han identificado emociones positivas como la alegría y las emociones negativas como el miedo y la agresividad.

Los perros desarrollaron a nivel anatómico un músculo que los lobos no tienen y éste les permite pedir a los humanos comida. “Se trata del cambio facial que hacen para convencernos de soy Paquito y soy bueno, dame mi galleta.”

Los perros pueden tener un coeficiente emocional mental como de un niño de tres o cuatro años. “No es de gratis que algunos los consideren perrijos, aunque esta concepción tiene varios errores”. Actualmente se investiga si también sienten otras emociones como vergüenza, empatía, pena, entre otras.

Fuente: Enfoque Noticias