Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia reciente, con apagones programados que este lunes impactarán hasta el 45 % del territorio durante el horario de mayor demanda, según la Unión Eléctrica (UNE). La insuficiencia energética, atribuida a averías constantes en centrales termoeléctricas, mantenimiento de equipos obsoletos y falta de combustible, ha generado un déficit eléctrico que afecta gravemente a la población y a la economía de la isla.
Déficit energético crítico
Para el horario pico de este lunes, la UNE prevé una capacidad de generación de solo 1,777 megavatios (MW), frente a una demanda de 3,120 MW, lo que deja un déficit de 1,343 MW. Esto obligará a desconectar circuitos eléctricos equivalentes a 1,413 MW durante las horas de mayor consumo, afectando aún más a la vida cotidiana de los cubanos.
Actualmente, ocho de las veinte unidades de generación termoeléctrica están fuera de servicio, al igual que 73 motores de generación distribuida, debido a la falta de combustible y al deterioro de las instalaciones, muchas de las cuales llevan más de cuatro décadas en funcionamiento.
Impacto social y económico
Desde agosto, los apagones diarios han aumentado en intensidad y duración. En los últimos meses, el déficit energético ha superado frecuentemente el 40 %, llegando a picos de más del 50 %, lo que ha dejado a miles de ciudadanos sin electricidad durante días.
La crisis energética también ha golpeado la economía, que en 2023 sufrió una contracción del 1.9 % y sigue sin recuperar los niveles prepandemia. Además, la situación ha exacerbado el malestar social, siendo un factor clave en las protestas antigubernamentales, como las masivas manifestaciones del 11 de julio de 2021 y las recientes movilizaciones de marzo de 2024.
Desafíos para el gobierno
El gobierno cubano enfrenta una brecha significativa entre la producción y el consumo de combustibles. Mientras la isla produce apenas tres millones de toneladas anuales, necesita ocho millones para satisfacer la demanda, lo que lo obliga a importar el resto en un mercado internacional adverso.
La persistencia de los apagones representa no solo un desafío técnico y económico, sino también un detonante de tensiones sociales, en un contexto donde las soluciones a corto plazo parecen insuficientes para atender las necesidades básicas de la población.