Ciudad del Vaticano.— En la madrugada de este viernes, bomberos del Vaticano colocaron la tradicional chimenea sobre el techo de la Capilla Sixtina, desde donde se anunciará al mundo si los cardenales han elegido al sucesor del papa Francisco. La discreta instalación del conducto, por donde saldrá la emblemática fumata blanca o negra, pasó desapercibida entre los turistas que llenaban la Plaza de San Pedro.
La atención, sin embargo, se centrará en esa modesta estructura a partir del miércoles 7 de mayo, cuando comience el cónclave que reunirá a 133 cardenales electores bajo los frescos de Miguel Ángel para deliberar y votar por el nuevo líder de la Iglesia católica.
Durante el proceso, los purpurados emitirán hasta cuatro votaciones por día —dos por la mañana y dos por la tarde— quemando las papeletas tras cada ronda. Si hay humo negro, significará que aún no hay decisión. Pero si del tejado emerge humo blanco, el mundo sabrá que “habemus papam”.
Este cónclave se perfila como uno de los más diversos e internacionalizados de la historia, con más del 80% de los electores nombrados por el propio Francisco, muchos de ellos provenientes de regiones antes marginadas. La agenda de las reuniones previas ha incluido temas cruciales como la lucha contra los abusos sexuales, la transparencia financiera del Vaticano y la orientación futura de la Iglesia.
Pese a que aún no se conocen nombres claros de favoritos, varios cardenales ya empiezan a considerar posibles perfiles. Según el cardenal uruguayo Daniel Sturla, “uno va decantando algunos nombres posibles” conforme avanzan las conversaciones.
Expertos como el vaticanista Marco Politi advierten que esta elección no será para buscar un “Francisco II”, sino un liderazgo más cauteloso y colegiado, capaz de unir a una Iglesia que enfrenta fracturas internas tras un periodo de intensos cambios.