La salida de Helmut Marko de Red Bull Racing no cerró un ciclo en la escudería austriaca, sino que abrió un capítulo marcado por señalamientos y tensiones internas. El histórico asesor del equipo rompió el silencio y acusó a Christian Horner de encabezar una lucha de poder que, afirmó, terminó por afectar el rendimiento deportivo y el futuro del equipo en la Fórmula 1.
Marko, figura clave en el desarrollo del dominio reciente de Red Bull, sostuvo que el ambiente dentro de la escudería se volvió cada vez más conflictivo tras el fallecimiento del fundador Dietrich Mateschitz. Con la reconfiguración del control accionario y el aumento de la influencia del empresario Chalerm Yoovidhya, el equilibrio interno cambió, situación que —según su versión— Horner aprovechó para ganar mayor protagonismo dentro de la estructura.
Uno de los puntos más sensibles de sus declaraciones estuvo relacionado con Sergio “Checo” Pérez. Marko rechazó de manera tajante haber emitido comentarios considerados racistas hacia los mexicanos y aseguró que nunca afirmó que los pilotos de esa nacionalidad tuvieran menor capacidad de concentración. De acuerdo con el ex asesor, esas versiones formaron parte de una campaña interna para desacreditarlo, impulsada por personas cercanas a Horner.
Asimismo, señaló que también se le atribuyeron declaraciones que nunca realizó sobre el desarrollo del motor y la relación con Ford, lo que, a su juicio, refleja el nivel de confrontación que existía dentro de la sede del equipo en Milton Keynes.
En el plano deportivo, Marko fue contundente al señalar que la salida de Horner debió haberse producido antes. Consideró que el bajo rendimiento del monoplaza en la primera mitad de la temporada fue determinante en la lucha por el campeonato y que decisiones más firmes a tiempo habrían permitido a Red Bull recuperar competitividad.
A su juicio, incluso un piloto del nivel de Max Verstappen se vio limitado por ese déficit inicial, el cual resultó imposible de remontar. Las declaraciones de Marko dejan al descubierto una fractura profunda dentro de Red Bull Racing, evidenciando que los problemas del equipo no solo se presentaron en la pista, sino también en los despachos.