Dinamarca mira con inquietud a Groenlandia tras incursión de Estados Unidos en Venezuela

La noticia de que Estados Unidos habría ingresado ilegalmente a Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro encendió las alarmas en Dinamarca. Para muchos daneses, el hecho representó algo más que un episodio lejano en América Latina: despertó el temor de que Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, pudiera convertirse en el siguiente objetivo de Washington.

Desde hace más de un año, el presidente estadounidense Donald Trump ha reiterado su intención de hacerse con la isla ártica, ya sea mediante acuerdos o por la fuerza. Aunque Dinamarca es un aliado histórico y uno de los socios más leales de Estados Unidos dentro de la OTAN, la posibilidad de una anexión dejó de percibirse como una simple provocación retórica y comenzó a discutirse seriamente en Copenhague tras el precedente venezolano.

En bares, universidades y espacios políticos, el tema se ha instalado como una preocupación real. Legisladores y analistas reconocen que el discurso agresivo de la Casa Blanca ha generado una crisis de confianza inédita en uno de los países más proestadounidenses de Europa. Para sectores del gobierno danés, la idea de que un país miembro de la OTAN pueda amenazar a otro rompe con los principios básicos de la alianza atlántica.

La estrategia oficial de Dinamarca ha sido apostar por el diálogo y buscar interlocutores considerados más pragmáticos dentro de la administración estadounidense. En ese contexto, se prevé un encuentro entre autoridades danesas y el secretario de Estado, Marco Rubio, con el objetivo de reducir tensiones y explorar salidas diplomáticas que eviten una escalada.

Mientras tanto, en el Parlamento danés se analizan distintos escenarios, aunque pocos quieren abordarlos públicamente. Legisladores advierten que, aunque una acción militar directa es poco probable, no puede descartarse por completo ante la postura de Trump de respaldar sus declaraciones con hechos. La inquietud no se limita al plano militar, sino también a las consecuencias políticas y simbólicas que tendría un conflicto entre aliados.

Groenlandia, con apenas 56 mil habitantes pero un territorio estratégico y rico en recursos, cuenta con un alto nivel de autonomía y el derecho a independizarse. Sin embargo, sondeos recientes muestran que una abrumadora mayoría de sus habitantes rechaza una anexión a Estados Unidos. Pese a ello, Washington ha intensificado contactos políticos y ha planteado incluso la posibilidad de comprar la isla, propuesta que ya fue rechazada tanto por Copenhague como por Nuuk.

Expertos en seguridad señalan que, en caso extremo, una ocupación podría ser rápida y con escasa resistencia, dada la limitada presencia militar local y la existencia de una base estadounidense en el territorio. Frente a ese escenario, Dinamarca y sus socios europeos tendrían un margen de maniobra muy reducido.

Para algunos analistas, una posible salida sería ofrecer a Estados Unidos un acuerdo que amplíe su presencia militar y económica en Groenlandia sin ceder la soberanía, incluyendo cooperación en defensa e inversiones estratégicas. Sin embargo, persiste la duda de si esa alternativa sería suficiente para un presidente que ha expresado abiertamente su deseo de anexar la isla.

La preocupación danesa se suma así al clima de incertidumbre que vive Europa, atrapada entre la presión de Rusia y el endurecimiento de su principal aliado occidental. Un contexto que ha llevado a Dinamarca, tradicionalmente euroescéptica, a reforzar su identidad europea ante un escenario internacional cada vez más volátil.

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