Cuando cae la noche en los bosques de pino, encino y roble del sur del Estado de México, el silencio se rompe con los aullidos del lobo mexicano, un sonido ancestral que marca el regreso de una especie que estuvo al borde de la desaparición. Cada llamado, único entre los miembros de la manada, recuerda que este emblemático depredador volvió del abismo de la extinción.
Uno de los principales refugios de esta especie es el Parque Ecológico Hermenegildo Galeana, ubicado en el kilómetro 37 de la carretera Ixtapan de la Sal–Tenancingo. El sitio, administrado por la Comisión Estatal de Parques Naturales y de la Fauna (Cepanaf), es uno de los dos santuarios dedicados al lobo mexicano (Canis lupus baileyi) en el Estado de México.
El parque alberga actualmente 13 ejemplares —cuatro hembras y nueve machos—, la mayoría nacidos bajo cuidado humano. Con una extensión de 346 hectáreas, cuenta con observatorios, senderos, cabañas y manantiales, y forma parte del Programa Binacional México–Estados Unidos para la conservación de la especie.
El lobo mexicano fue declarado extinto en vida silvestre en 1976, tras décadas de cacería impulsada principalmente por conflictos con la ganadería. La recuperación inició a partir de apenas cinco ejemplares rescatados en Sonora, cuya descendencia permitió reconstruir la población bajo un estricto control genético, explicó personal especializado de Cepanaf.
Actualmente, más de 60 instituciones en México y Estados Unidos participan en los esfuerzos de conservación. La población binacional bajo manejo profesional ronda los 600 lobos; de ellos, 116 se encuentran en México. El Estado de México concentra el mayor número de ejemplares, con 23 lobos resguardados entre el Parque Hermenegildo Galeana y el Centro de Conservación de Especies Mexicanas El Ocotal.
Como parte del programa, recientemente cuatro lobos fueron trasladados a Coahuila para reforzar otros centros de conservación. Además, gracias a más de cinco décadas de trabajo, en octubre de 2021 se logró la primera reintroducción de la especie en libertad en la Reserva de la Biosfera de Janos, Chihuahua. Desde entonces se han realizado 15 liberaciones, conformando una población silvestre estimada entre 35 y 40 ejemplares.
El éxito del programa permitió que en 2019 el lobo mexicano dejara la categoría de “extinto en el medio silvestre” y fuera reclasificado como “en peligro de extinción”. En 2025, cámaras trampa registraron por primera vez a un ejemplar nacido completamente en libertad, un hito para la conservación de la especie.
Para 2026, se prevé la liberación de una nueva manada en la sierra de Durango, tras estudios científicos y trabajo comunitario que aseguran condiciones adecuadas de hábitat y presas naturales. Especialistas subrayan que el lobo mexicano es un depredador clave para el equilibrio ecológico, al regular poblaciones de herbívoros y evitar la degradación del ecosistema.
Además de la reproducción y reintroducción, el reto es cambiar la percepción social sobre el lobo. El parque cuenta con un observatorio que permite al público conocer a la especie sin invadir su espacio, con el objetivo de dejar atrás la imagen del lobo como una amenaza y reconocer su valor ambiental.
Autoridades ambientales coinciden en que la conservación no depende solo de los programas científicos, sino del compromiso social para proteger los hábitats. El objetivo a mediano plazo es consolidar áreas de preliberación que permitan a los lobos aprender a cazar y sobrevivir de manera autónoma, para que su aullido vuelva a escucharse con fuerza en los territorios que alguna vez les pertenecieron.