La provincia de San Juan, en el oeste de Argentina, enfrenta una creciente crisis hídrica derivada del cambio climático, mientras el avance de nuevos proyectos mineros genera preocupación por el uso de un recurso cada vez más escaso.
Productores agrícolas de la región advierten que la falta de agua ya afecta gravemente sus actividades. Nicolás Yanzón, agricultor de Villa Media Agua, señaló que debido al racionamiento solo puede cultivar menos de un tercio de sus tierras, una situación que se replica en gran parte de la provincia.
San Juan es una de las zonas más áridas de Argentina y apenas el 3% de su territorio es apto para la agricultura. Sin embargo, destaca por su producción de aceite de oliva, uvas, tomates y pistachos. La actividad depende casi por completo del agua proveniente de ríos alimentados por nevadas y más de 4 mil glaciares andinos.
No obstante, la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas han provocado una reducción significativa de los caudales. Autoridades provinciales reconocen que la región atraviesa un escenario de escasez permanente, mientras especialistas alertan que el caudal del río San Juan se encuentra en mínimos históricos y se ha reducido casi a la mitad respecto de su promedio histórico.
A la problemática climática se suma el crecimiento de la actividad minera. Diversos proyectos vinculados principalmente a la extracción de cobre avanzan en la provincia impulsados por la demanda global de minerales estratégicos para la transición energética.
La reciente modificación a la ley de protección de glaciares impulsada por el presidente Javier Milei reavivó el debate ambiental. La reforma permite a las provincias redefinir áreas protegidas para ampliar actividades productivas, medida que ya fue impugnada ante la justicia por organizaciones ambientalistas.
Expertos mantienen posiciones encontradas sobre la importancia de los glaciares en el abastecimiento hídrico. Mientras algunos sostienen que su aporte es limitado, otros consideran que son fundamentales para garantizar el suministro de agua durante los periodos de sequía.
Aunque la minería utiliza menos agua que la agricultura, ambientalistas y científicos insisten en que cada volumen extraído es relevante en una provincia donde las reservas se encuentran bajo presión constante. Además, persisten preocupaciones sobre los controles ambientales tras antecedentes como el derrame tóxico ocurrido en una mina de Barrick Gold en 2015.
Para productores como Yanzón, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre crecimiento económico y sustentabilidad. “Si es desarrollo, tiene que ser sostenible, porque si no, no es desarrollo”, afirmó.