Ciudad de México.- Con una generación diaria de 12 mil 404 toneladas de residuos y sin rellenos sanitarios propios, la Ciudad de México enfrenta una creciente crisis en la gestión de desechos que pone a prueba su nuevo modelo de reciclaje.
A pesar de que desde el 1 de enero de 2026 entró en vigor un esquema obligatorio de separación de basura, las autoridades reconocen que apenas el 15% de los residuos se clasifica correctamente desde los hogares.
La magnitud del problema se refleja en las cifras: cada habitante genera en promedio mil 71 kilogramos de desperdicios cada 24 horas.
Saturación y dependencia externa
La carga recae principalmente en demarcaciones como Benito Juárez, que encabeza la lista con siete toneladas diarias, seguida por Gustavo A. Madero y Miguel Hidalgo, ambas con seis toneladas.
Uno de los principales problemas es la falta de espacios propios para disposición final, lo que obliga a la capital a exportar el 70% de sus desechos a vertederos en Morelos y el Estado de México.
Sin embargo, estos sitios operan bajo presión extrema y se estima que su vida útil podría agotarse en un periodo de uno a cuatro años, lo que incrementa la urgencia de una solución estructural.
El reto de la separación
El nuevo modelo de recolección busca mitigar la saturación mediante un esquema de separación por días:
Orgánicos: martes, jueves y sábado Inorgánicos reciclables: lunes, miércoles, viernes y domingo Inorgánicos no reciclables: lunes, miércoles, viernes y domingo
Aunque el 56% de la basura capitalina es orgánica y el 22% corresponde a material reciclable, la falta de una cultura de separación efectiva limita su aprovechamiento.
Actualmente, solo entre el 30 y 32% de los residuos logra reciclarse o convertirse en composta en plantas como las de Azcapotzalco y Gustavo A. Madero.
Desconfianza y contaminación
Para los trabajadores del servicio de limpia, el problema comienza desde el origen: aunque algunos ciudadanos intentan separar los residuos, estos suelen llegar contaminados con restos de comida o líquidos, lo que dificulta su recuperación.
A esto se suma un factor clave: la desconfianza ciudadana. Existe la percepción de que, sin importar el esfuerzo en casa, la basura termina mezclándose en el camión recolector, lo que reduce la participación en el programa.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, ha reconocido que esta percepción debilita los esfuerzos de programas como “Basura Cero” y “Transforma tu Ciudad”.
Mientras estas estrategias buscan consolidarse, en las calles persiste otra realidad: más de 870 tiraderos irregulares en lotes baldíos y barrancas, reflejo de un sistema que aún enfrenta retos para ser autosuficiente antes del eventual cierre de rellenos externos.