Washington.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió este lunes que su Gobierno podría reconsiderar la postura estadounidense respecto a la soberanía británica sobre las islas Malvinas, archipiélago cuya soberanía es reclamada históricamente por Argentina.
Cuestionado por periodistas en el Despacho Oval sobre si Estados Unidos podría retirar su respaldo a la administración británica de las islas, Trump respondió: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”.
Las declaraciones se producen después de que medios británicos informaran que la Administración Trump estaría analizando utilizar la cuestión de las Malvinas como mecanismo de presión para que Reino Unido incremente su gasto en defensa.
Según The Telegraph, la propuesta formaría parte de una serie de medidas que el Pentágono estaría evaluando para presionar a los países de la OTAN a comprometerse con un gasto equivalente al 5 % de su Producto Interno Bruto en defensa.
La postura oficial de Washington sobre las Malvinas ha sido de neutralidad. Estados Unidos no reconoce expresamente la soberanía británica sobre el archipiélago, aunque sí reconoce la administración de facto que ejerce Reino Unido sobre el territorio.
Un conflicto que permanece abierto
La disputa por la soberanía de las Malvinas entre Argentina y Reino Unido derivó en una guerra en 1982, luego de que fuerzas argentinas ocuparan las islas el 2 de abril. El conflicto concluyó el 14 de junio con la rendición argentina.
La guerra dejó 649 argentinos, 255 británicos y tres habitantes de las islas muertos.
Desde entonces, Londres ha rechazado las reclamaciones argentinas de soberanía, mientras Naciones Unidas ha llamado reiteradamente a ambos países a reanudar las negociaciones. El organismo internacional considera a las Malvinas un territorio pendiente de descolonización.
En un referéndum celebrado en marzo de 2013, más de 99 % de los habitantes de las islas votaron a favor de mantener su estatus como territorio británico.
La eventual modificación de la postura estadounidense podría representar un importante giro diplomático en una disputa que permanece vigente desde hace décadas