Dinamarca exige explicaciones a EE.UU. por presunto espionaje en Groenlandia

La tensión diplomática entre Dinamarca y Estados Unidos se elevó esta semana luego de que un reporte de The Wall Street Journal revelara presuntas actividades de inteligencia estadounidenses en Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa. En respuesta, el gobierno danés convocó a la encargada de negocios de la Embajada de EE.UU. en Copenhague, Jennifer Hall Godfrey, para exigir aclaraciones.

El ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, calificó de “muy preocupante” el contenido del informe y sostuvo que entre naciones aliadas no debería haber espionaje. Según el medio estadounidense, agencias de inteligencia de EE.UU. habrían sido instruidas para vigilar al movimiento independentista groenlandés y monitorear la percepción local sobre la extracción de recursos naturales por parte de empresas estadounidenses.

El Ministerio de Asuntos Exteriores danés confirmó que el alto diplomático Jeppe Tranholm-Mikkelsen sostuvo una reunión formal con Hall Godfrey, aunque no se ofrecieron detalles adicionales del encuentro.

Por su parte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reiteró que “no se puede espiar a un aliado” y condenó cualquier intento de interferencia en Groenlandia, una isla rica en recursos estratégicos como tierras raras y minerales, clave para las potencias interesadas en el Ártico.

En Washington, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, rechazó las filtraciones que originaron el artículo y denunció una campaña para desestabilizar al gobierno estadounidense desde dentro. “Quienes filtren información clasificada serán hallados y sancionados”, afirmó en un comunicado.

Desde Groenlandia, el descontento es evidente. Aunque Washington ha reiterado su respeto por la autodeterminación del territorio, encuestas recientes muestran que la gran mayoría de los groenlandeses no desea integrarse a Estados Unidos. El primer ministro groenlandés criticó abiertamente las declaraciones de la Casa Blanca sobre una posible adquisición de la isla, calificándolas de irrespetuosas.

La controversia revive tensiones previas surgidas durante la administración de Donald Trump, cuando se planteó públicamente la posibilidad de comprar Groenlandia, propuesta que fue rechazada de inmediato por Copenhague y por la propia población local.

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