Javier “El Vasco” Aguirre ha inscrito su nombre en la historia del fútbol mexicano como el único entrenador que ha dirigido a la Selección Nacional en tres Copas del Mundo: Corea-Japón 2002, Sudáfrica 2010 y un tercer proceso que lo distingue de cualquier otro estratega, nacional o extranjero.
En ambas ocasiones que asumió el cargo —2002 y 2010— lo hizo en medio del caos, cuando el equipo enfrentaba eliminatorias tambaleantes. Su papel fue más allá de los resultados: fue el hombre al que recurrió la Federación Mexicana de Futbol en momentos de crisis. En ambas ediciones mundialistas logró la clasificación y condujo al Tri hasta octavos de final, primero ante Estados Unidos y luego frente a Argentina.
Lo que hace único al “Vasco” es que, a diferencia de otros técnicos históricos como Ignacio Trelles, Manuel Lapuente o Ricardo La Volpe, él fue el elegido más de una vez para reconstruir procesos rumbo a un Mundial. Su legado va más allá del marcador: representa experiencia, temple y compromiso.
Aunque no consiguió superar la barrera del famoso “quinto partido”, Aguirre dejó una huella de liderazgo y confianza que hoy lo coloca como un símbolo de estabilidad en la historia del balompié tricolor.