En la Ciudad de México, agricultores y artesanos mantienen vivas las tradiciones del Día de Muertos, pese al creciente uso de materias primas extranjeras, como las semillas chinas utilizadas para cultivar la flor de cempasúchil, símbolo esencial de esta celebración.
En el Zócalo capitalino, el característico color naranja de las flores se mezcla con calaveras de cartón pintadas a mano y una amplia variedad de artesanías elaboradas por productores locales, muchos de ellos provenientes de Xochimilco, donde el cultivo en chinampas —una técnica ancestral— sigue siendo una herencia familiar.
Concepción García, floricultora de tercera generación, explica que los consumidores suelen confundir las flores nacionales con las variedades importadas. “Todo es hecho en Xochimilco, aunque la semilla venga del extranjero. Nosotros cultivamos y defendemos nuestro trabajo”, comenta.
García reconoce que 2024 fue un año complicado por las lluvias que afectaron los invernaderos y causaron pérdidas de hasta 10% en su producción. Aun así, destaca el respaldo del Gobierno capitalino, que ha impulsado la venta de más de seis millones de flores en la Feria del Cempasúchil y otros puntos de la ciudad.
De acuerdo con estimaciones de la UNAM, más del 90% de las semillas utilizadas en México provienen del extranjero, principalmente de China y Estados Unidos. Sin embargo, los productores locales insisten en que el verdadero valor está en el cultivo y en la tradición que representan.
Mientras tanto, en el mismo Zócalo, artesanas como María Gabriela Guzmán ofrecen calaveras y catrinas de cartón, piezas que fusionan arte y cultura. “No importa de dónde venga la semilla; lo que cuenta es el significado que tiene para nosotros”, afirma.
Para Guzmán, las influencias externas no amenazan las costumbres mexicanas, sino que las renuevan. Ejemplo de ello es el auge del Desfile de Catrinas, inspirado en la película Spectre (2015), que impulsó el interés por la cartonería y el arte tradicional.
Con creatividad, trabajo y amor por sus raíces, los productores y artesanos mexicanos demuestran que el Día de Muertos sigue vivo gracias a sus manos y a su espíritu de conservación.