Una vez más, Cooperstown le cerró las puertas a Fernando Valenzuela, a poco más de un año de su fallecimiento y casi tres décadas después de haber concluido una carrera que trascendió lo deportivo para convertirse en un fenómeno cultural. El icónico lanzador mexicano no fue elegido por el Comité de la Era del Béisbol Contemporáneo, encargado de revisar cada tres años a las figuras destacadas posteriores a 1980.
El panel, integrado por 16 votantes, requería otorgarle al menos 12 votos para su inducción en 2026; sin embargo, Valenzuela recibió menos de cinco, lo que significa que su candidatura no podrá volver a ser analizada por este mismo comité sino hasta 2031.
El resultado prolonga uno de los desaires más comentados en la historia del Salón de la Fama. En 2003, su primer año de elegibilidad, obtuvo apenas el 6.2 % del respaldo de los escritores, lejos del 75 % necesario. Un año después, quedó fuera de la boleta tras caer al 3.8 %. Sus críticos se han apoyado siempre en las cifras: efectividad de 3.54, 173 triunfos, 2,074 ponches y un WAR de 37.3, números que no encajan en los parámetros tradicionales de Cooperstown.
Pero la grandeza de Valenzuela no se explica solo con estadísticas. La Fernandomanía que estalló en 1981, cuando un joven sonorense de 20 años conquistó Los Ángeles con ocho aperturas victoriosas consecutivas, el Cy Young, el Novato del Año y una Serie Mundial, transformó la historia del béisbol. Su llegada amplió el alcance del deporte en México y Latinoamérica, y fortaleció la identidad de la creciente afición latina de los Dodgers.
Este invierno había renacido la ilusión cuando su nombre apareció entre los ocho finalistas del comité, junto a figuras como Barry Bonds y Roger Clemens. Finalmente, solo Jeff Kent consiguió los votos necesarios para ingresar.
Aunque Valenzuela nunca replicó por completo la magia de 1981, su influencia perduró durante sus 11 temporadas con los Dodgers y en sus pasos por otros equipos. En 2023, el club angelino reconoció su legado retirando su número 34, rompiendo su regla de hacerlo únicamente con integrantes del Salón de la Fama.
Por ahora, ese número colgado en lo alto del Dodger Stadium permanece como el homenaje más visible a su impacto. Cooperstown, una vez más, optó por privilegiar la estadística sobre una figura que transformó para siempre el béisbol.