El reciente paso del cometa interestelar 3I/ATLAS, el tercer objeto confirmado proveniente de fuera del sistema solar, abrió un debate que rebasa el ámbito científico y alcanza el terreno político en Estados Unidos. Tras su acercamiento a la Tierra, astrónomos y legisladores intensificaron los llamados para que la NASA publique datos completos y sin procesar, ante una serie de anomalías que aún no tienen explicación concluyente.
Detectado el 1 de julio de 2025 por la red de telescopios ATLAS en Chile, el objeto llamó la atención por su comportamiento inusual. Durante su paso a aproximadamente 167 millones de millas de la Tierra, se activaron campañas de observación que revelaron desviaciones en su trayectoria que no pueden explicarse únicamente por la gravedad, un fenómeno conocido como aceleración no gravitacional.
El astrofísico de Harvard Avi Loeb señaló que el cometa mostró una aceleración radial incompatible con la pérdida de masa observable. Para justificar ese cambio de rumbo, el objeto habría tenido que desprenderse de una fracción considerable de su masa, algo que no fue detectado en las observaciones disponibles, lo que incrementó las dudas sobre su naturaleza física.
La falta de claridad derivó en acciones desde el Congreso estadounidense. En octubre, la legisladora Anna Paulina Luna solicitó formalmente a la NASA la liberación de información detallada, incluidas observaciones de misiones como el Mars Reconnaissance Orbiter y la Parker Solar Probe. Aunque la agencia difundió algunas imágenes semanas después, investigadores criticaron que el material estuviera altamente procesado y sin acceso a datos crudos para análisis independientes.
A las exigencias se sumó una petición ciudadana que reclama a la NASA cumplir con sus políticas de ciencia abierta, publicando toda la información generada sobre 3I/ATLAS. El interés se ve reforzado por otras rarezas del cometa, como una anticola orientada hacia el Sol, chorros variables y un periodo de rotación estimado en poco más de 15 horas.
Actualmente, el objeto se aleja del sistema solar a gran velocidad y tendrá un nuevo acercamiento relevante a Júpiter en marzo de 2026. Sin embargo, su brillo disminuye rápidamente, reduciendo la ventana de observación. Si la NASA difundirá más datos antes de que el cometa desaparezca del alcance de los telescopios sigue siendo una incógnita.