Ciudad de México.— Tras el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la integración de un comité para evaluar el uso del fracturamiento hidráulico en el país, especialistas expusieron posturas encontradas respecto a sus implicaciones técnicas, ambientales y económicas durante el programa Aristegui en Vivo.
Alma América Porras Luna, excomisionada de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, explicó que el fracking es una técnica empleada para extraer hidrocarburos de yacimientos no convencionales caracterizados por la baja permeabilidad de sus rocas. A diferencia de los depósitos convencionales, donde el petróleo fluye de manera natural, en estos casos es necesario fracturar la roca para permitir el paso del hidrocarburo hacia el pozo.
Detalló que el proceso incluye perforaciones horizontales y múltiples fracturas para maximizar la extracción. Desde su perspectiva, el debate debe abordarse con equilibrio. “Como cualquier actividad, tiene sus pros y sus contras, y también hay siempre mitos y realidades”, señaló.
En relación con uno de los principales cuestionamientos, el uso de agua, afirmó que la tecnología ha evolucionado en las últimas décadas. Indicó que actualmente no se utiliza agua potable, sino agua tratada, y que entre 60% y 80% del líquido puede recuperarse y reutilizarse. No obstante, subrayó la necesidad de vigilancia en su aplicación.
Sobre la posible contaminación de acuíferos, sostuvo que el riesgo es mínimo si se cumplen las condiciones técnicas adecuadas, debido a la diferencia de profundidad entre los acuíferos —ubicados a unos 500 metros— y los yacimientos, que superan los mil 500 metros.
Porras Luna también destacó que el desarrollo de gas de lutita podría representar una oportunidad para México, al reducir la dependencia de importaciones —que estimó en más de 70%— y fortalecer la cadena petroquímica. “No podemos dejar la parte del fósil en cero”, apuntó, aunque reconoció el avance de las energías renovables.
En contraste, Manuel Llano Vázquez Prada, director de la organización CartoCrítica, advirtió sobre los impactos asociados a esta técnica. Si bien coincidió en su definición, enfatizó que el problema radica en sus efectos. “El asunto es qué sucede alrededor y qué se necesita para que esto ocurra”, indicó.
Alertó que el volumen de agua requerido puede alcanzar hasta 80 millones de litros por pozo, y que la creciente intensidad del método responde a la disminución de la presión natural de los yacimientos, lo que incrementa los riesgos inherentes a la práctica.
Entre estos riesgos, mencionó la presencia de fugas desde etapas tempranas de operación. Afirmó que alrededor del 3% de los pozos presentan fugas inicialmente, cifra que podría aumentar hasta 15% con el paso del tiempo.
Asimismo, cuestionó la disponibilidad de agua en regiones con potencial de explotación, particularmente en el norte del país. Según estimaciones citadas, incluso un escenario parcial requeriría millones de pipas para abastecer la operación.
Llano Vázquez Prada se pronunció por la prohibición del fracking en México, al señalar que existen precedentes internacionales donde la técnica ha sido restringida. También aseguró que hay evidencias de impactos ambientales y afectaciones a comunidades.
Finalmente, planteó que la discusión debe incluir a las poblaciones locales y sus derechos territoriales, especialmente en zonas que se han declarado libres de esta práctica. Mientras tanto, el debate nacional se mantiene abierto entre quienes ven en el fracking una oportunidad energética y quienes advierten sus riesgos ambientales y sociales.