Budapest.— En un resultado considerado histórico, el líder del partido Tisza, Péter Magyar, logró una contundente victoria electoral este domingo al derrotar al primer ministro ultraconservador Viktor Orbán, poniendo fin a más de 16 años de dominio político en Hungría.
Con el 53% de los votos, Magyar obtuvo una supermayoría parlamentaria que se traduce en 138 escaños frente a los 55 del partido oficialista Fidesz. Este resultado le permitirá impulsar reformas constitucionales para desmantelar el sistema político “iliberal” instaurado por Orbán.
Durante su discurso de victoria, Magyar delineó el inicio de una nueva etapa para el país, con un enfoque hacia una Hungría “europea, diversa y democrática”. Aunque evitó posicionamientos claros en temas sensibles durante la campaña, tras confirmarse su triunfo envió señales de apertura hacia sectores previamente marginados, incluyendo la comunidad LGTBI y organizaciones civiles.
“Queremos un país que no sea vasallo de nadie”, declaró ante miles de simpatizantes reunidos en Budapest, en un mensaje interpretado como una toma de distancia de potencias como Rusia y una reafirmación del rumbo europeo del país.
El líder de Tisza aseguró que Hungría retomará una relación constructiva con la Unión Europea, tras años de tensiones con Bruselas. Entre sus prioridades se encuentra recuperar más de 18 mil millones de euros en fondos europeos congelados debido a preocupaciones sobre el Estado de derecho durante el gobierno de Orbán.
Asimismo, anunció que el país reforzará su papel dentro de la OTAN y buscará reactivar alianzas regionales, incluyendo el grupo de Visegrado. Sus primeros viajes internacionales contemplan visitas a Polonia, Austria y la sede de la Unión Europea.
En materia interna, Magyar prometió combatir la corrupción, crear una oficina para la recuperación de activos y adherirse a la Fiscalía Europea para investigar posibles abusos del anterior gobierno. También planteó reformas en educación, salud y seguridad, así como el fortalecimiento de las instituciones públicas.
Pese a su discurso de apertura, el nuevo liderazgo mantendría una postura firme en materia migratoria, similar a la de su antecesor, aunque enfrentará presiones económicas por sanciones europeas relacionadas con el derecho de asilo.
El triunfo de Magyar fue respaldado por una amplia coalición social e ideológica que, más allá de afinidades políticas, se unió con el objetivo común de poner fin al gobierno de Orbán. En las calles de Budapest, miles de ciudadanos celebraron lo que consideran no solo una alternancia política, sino un cambio de régimen.
Con un periodo de transición de 30 días por delante, Magyar instó a las autoridades salientes a no obstaculizar el proceso y llamó a la reconciliación nacional. “El Gobierno no debe dividir. Es un pecado dividir a la nación”, afirmó.
La nueva administración enfrentará ahora el reto de reconstruir la confianza institucional y cumplir con las altas expectativas de una ciudadanía que exige cambios profundos tras más de una década de concentración de poder.