El papa León XIV sostuvo un encuentro histórico en el Vaticano con la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, primera mujer en liderar la Iglesia de Inglaterra y figura clave de la comunión anglicana mundial, con quien oró y reiteró su compromiso de superar las divisiones entre ambas Iglesias.
Durante la reunión, el pontífice reconoció que existen “nuevos problemas” sumados a las diferencias históricas entre católicos y anglicanos, pero subrayó la necesidad de continuar el diálogo. “Sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por intratables que puedan parecer”, afirmó.
El encuentro, que hace apenas unos años habría sido impensable, refleja un esfuerzo por mantener viva la relación entre ambas tradiciones cristianas, separadas desde 1534 tras la ruptura impulsada por Enrique VIII. Desde entonces, temas como la ordenación de mujeres han profundizado las divergencias, ya que la Iglesia católica mantiene el sacerdocio exclusivamente masculino.
Tras la reunión privada en la biblioteca papal, ambos líderes participaron en un momento de oración en la capilla del Palacio Apostólico, en un gesto simbólico de acercamiento. Mullally agradeció la hospitalidad del pontífice en su primera visita internacional tras asumir el cargo y destacó la importancia de predicar un mensaje común de esperanza.
“Debemos trabajar juntos por el bien común, construyendo puentes y nunca muros”, expresó la arzobispa, al tiempo que llamó a enfrentar unidos la violencia, la división global y los rápidos cambios sociales.
La visita de Mullally forma parte de una peregrinación de cuatro días en Roma, cuyo objetivo es fortalecer las relaciones entre la Iglesia anglicana y la católica mediante el diálogo teológico y el encuentro personal.
El acercamiento ocurre en un contexto complejo para la comunión anglicana, marcada por tensiones internas tras el nombramiento de Mullally, especialmente entre sectores conservadores que rechazan el liderazgo femenino.
A pesar de las diferencias, el encuentro reafirma la continuidad del camino ecuménico iniciado formalmente en 1966, y se suma a otros gestos recientes de acercamiento, como la visita del rey Carlos III al Vaticano, donde participó en un acto de oración conjunto.
Con este encuentro, ambas Iglesias envían una señal de unidad en medio de los desafíos globales, apostando por el diálogo como vía para reducir una brecha histórica que, aunque profunda, comienza a mostrar signos de acercamiento.