Ciudad de México. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aseguró que en su país no habrá más elecciones para evitar que, según dijo, “golpistas” intenten llegar al poder, una declaración que ha reavivado las críticas de organismos y observadores internacionales, quienes consideran que el país vive bajo uno de los regímenes autoritarios más prolongados de América Latina.
Las declaraciones del mandatario fortalecen la percepción de que busca mantenerse indefinidamente al frente del gobierno, luego de casi dos décadas continuas en el poder desde su regreso a la Presidencia en 2007, periodo durante el cual ha concentrado el control de las instituciones junto con su esposa y copresidenta, Rosario Murillo.
Ortega fue una de las figuras centrales de la Revolución Sandinista que derrocó a la dictadura de la familia Somoza en 1979. Posteriormente coordinó la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y, tras las elecciones de 1984, asumió la Presidencia en 1985, cargo que ocupó hasta 1990, cuando fue derrotado en las urnas por Violeta Barrios de Chamorro.
Después de permanecer varios años en la oposición, regresó al poder mediante elecciones en 2007. Desde entonces ha sido reelegido en procesos ampliamente cuestionados por la comunidad internacional debido a denuncias de persecución contra opositores, restricciones a las libertades civiles y falta de garantías democráticas.
Con más de 19 años consecutivos en esta segunda etapa presidencial y sumando su primer mandato y el periodo al frente de la Junta de Gobierno, Daniel Ortega acumula más de tres décadas ejerciendo el poder en Nicaragua.
Aunque el Frente Sandinista de Liberación Nacional nació como un movimiento de izquierda con inspiración marxista-leninista, analistas sostienen que el actual gobierno de Ortega evolucionó hacia un modelo de corte autoritario, caracterizado por la concentración del poder, la persecución de la oposición y el fortalecimiento del liderazgo familiar encabezado por el mandatario y Rosario Murillo.