Tren Maya enfrenta baja demanda y escasos beneficios locales a dos años de su inauguración

Selva maya, México.— En medio de la selva del sureste mexicano, la operación del Tren Maya contrasta con las condiciones de las comunidades cercanas: mientras la infraestructura ferroviaria avanza, habitantes de la región aseguran que los beneficios prometidos aún no se reflejan en su vida cotidiana.

El proyecto, impulsado durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fue concebido como un motor de desarrollo para el sur del país, con una ruta de aproximadamente mil 500 kilómetros que conecta destinos turísticos y zonas arqueológicas en la península de Yucatán.

No obstante, a dos años de su inauguración, enfrenta diversos retos. La venta de boletos cubre apenas una fracción de los costos operativos y los hoteles construidos a lo largo de la ruta registran bajos niveles de ocupación, en algunos casos por debajo del 25%.

En comunidades como Vida y Esperanza, en Quintana Roo, habitantes señalan que las mejoras prometidas no han llegado. A pesar de que líneas eléctricas del tren pasan sobre sus viviendas, algunas familias continúan dependiendo de generadores o paneles solares ante la falta de conexión formal a la red.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran que, tras el impulso económico generado durante la fase de construcción —cuando Quintana Roo registró un crecimiento del 13.2% en 2023—, la entidad experimentó una contracción del 9.7% en 2025, evidenciando un efecto temporal.

Aunque se reporta una reducción en el desempleo, gran parte de la población en estados como Yucatán continúa en la informalidad laboral, sin acceso a seguridad social ni ingresos estables.

Además, comunidades indígenas y activistas han cuestionado el impacto ambiental y social del proyecto, señalando fragmentación de ecosistemas, afectaciones a tierras comunales y falta de consulta adecuada. En Calakmul, Campeche, pobladores reportan problemas persistentes como la escasez de agua, pese a obras anunciadas por el gobierno.

El bajo flujo de pasajeros también ha sido un desafío. Recorridos recientes muestran trenes con ocupación reducida, mientras que la proyección inicial de millones de usuarios anuales se ha ajustado a cerca de 1.2 millones. A esto se suma el incremento en el costo total del proyecto, que pasó de unos 7 mil millones a más de 25 mil millones de dólares.

Factores como cambios en el trazado, estaciones alejadas de centros urbanos y aeropuertos, así como complicaciones legales y ambientales, han limitado su atractivo para turistas.

A pesar de ello, el proyecto continúa operando como una de las principales apuestas de infraestructura en el país, en medio de cuestionamientos sobre su rentabilidad y su impacto real en el desarrollo de las comunidades del sureste mexicano.

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